a contra luz


Desde la cama te observo a de frente. Hacerlo se ha convertido en un rito. Despierto, te busco y me disuelvo en un abrazo tan intenso como el beso que me da vida dichas mañanas. Luego saltas de la cama  al baño. Maliciosamente sonrío, me acurruco como niña chica y te dejo ir. Oigo correr el agua y a ti, feliz, tararear una canción. No pierdo detalle. Cierro los ojos y respiro profundo. Me contengo para no salir tras de ti, de tu cuerpo desnudo. Por la mañana hay algo que deseo todavía más que eso. El agua sigue cayendo. La impaciencia me consume. Parece que no vas a acabar nunca. En ese instante, todo se vuelve silencio, sólo oigo mi respiración agitada. La puerta se abre, tu figura iluminada a contraluz: yo finjo dormir. Pasos silenciosos, siento la humedad de tu llegada. Mis brazos te rodean, la toalla con la que sólo cubres la desnudez de tus hombros cae al suelo, suaves gemidos que nos acompañan hasta que buscamos la calma en brazos del otro. Te miro, me miras, sonrío, juego con tu cabello, y el sueño nos invade. Otra ves amanezco y veo de nuevo tu cuerpo a contraluz.

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